Chile central —entre Valparaíso y Biobío— concentra un corredor agrícola mediterráneo de transición, con veranos secos y marcada dependencia de nieve, riego y costa. Sobre esa máscara, y para veranos australes 2000-2024, el registro MODIS muestra una asimetría térmica sostenida: el 78% de los píxeles exhibe tendencia positiva de LST nocturna, frente al 49% en LST diurna. El patrón reproduce el análisis de Baldan et al. (2025) en viticultura del noreste italiano con la misma familia de productos.
Medir el cambio del sistema térmico–vegetacional en un cuarto de siglo exige series largas, composiciones nubosas estables y capas públicas revisables. El trabajo italiano, basado exclusivamente en MODIS de la NASA, ofrecía un esquema transferible; aquí se replicó sobre el dominio chileno. A continuación se sintetizan los resultados.
Lo que dice la temperatura
La temperatura superficial terrestre (LST, Land Surface Temperature) es la magnitud que el sensor registra en suelo y dosel; no equivale a temperatura del aire, aunque suele correlacionar con ella. En este análisis funciona como proxy de carga térmica en superficie, no como medición directa de fisiología foliar. El producto MOD11A2 aporta composites de ocho días a 1 km, separando sobrevuelo diurno y nocturno.
El contraste entre 78% y 49% resume décadas de forzamiento en las que la componente nocturna acumula mayor pendiente positiva que la diurna, en línea con la síntesis bibliográfica sobre calentamiento global a escala regional.
A escala de cultivo, la diferencia tiene sentido fisiológico: durante la noche predomina la respiración, que moviliza carbono asimilado en horas de luz. Si la temperatura nocturna permanece elevada, aumenta la tasa respiratoria, se reduce el balance neto de carbono y las reservas se restituyen con menor eficiencia. En vid, la acidez tartárica, los compuestos aromáticos y las antocianinas suelen ser los primeros atributos en alterarse; en cerezos y frutales de carozo, el déficit de horas frío y el desfase fenológico respecto al registro histórico son señales frecuentes.
En términos areales, cuatro de cada cinco hectáreas bajo máscara muestran noches más cálidas: no se trata de un evento aislado, sino de un contexto de fondo sobre el cual se superponen olas de calor o períodos de déficit hídrico.
La vegetación responde
El VHI (Vegetation Health Index) integra dos lecturas en una escala 0–100. El VCI (Vegetation Condition Index) compara el verdor actual con su rango histórico por píxel. El TCI (Temperature Condition Index) aplica la misma lógica a la temperatura superficial, con signo invertido: mayor calor implica valores más desfavorables. A partir del esquema VCI–TCI desarrollado por Kogan (1997), en este análisis se construyó un índice combinado de salud vegetacional como promedio simple de ambos componentes, VHI = 0,5·VCI + 0,5·TCI; los valores bajo 40 y sobre 60 se interpretan según los cortes operativos habituales en monitoreo satelital de sequía basado en ese marco: crítico y favorable, respectivamente.
Los bloques quinquenales muestran un quiebre claro hacia 2010.
En 2000-2004 solo el 14% del área cae bajo −5 frente al baseline; en 2005-2009, 3%. En 2010-2014 el salto es a 24%; en 2015-2019, 61%. 2020-2024 baja a 44%, todavía lejos de los niveles iniciales.
La señal principal es meteorológica, no instrumental. La mega-sequía de Chile central, documentada desde 2010 (Garreaud et al., 2020), se ubica entre los episodios de déficit hídrico más severos del continente en el registro instrumental. Menor disponibilidad hídrica se asocia a menor verdor y a LST más elevada; el VHI condensa esa relación en un único indicador.
El VHI promedio del dominio pasa de 52 (2000-2004) a 54 en los dos quinquenios siguientes, cae a 46 en 2015-2019 —rozando el umbral de 40— y vuelve a 52 en 2020-2024. La recuperación reciente se asienta, no obstante, sobre noches más cálidas acumuladas en el intervalo completo. La pendiente del área con VHI<40 suma +19,6 km² por año, es decir, casi veinte kilómetros cuadrados adicionales por temporada, en promedio, bajo el umbral crítico adoptado (VHI<40), coherente con la práctica operativa del enfoque VCI–TCI (Kogan, 1997).
Conviene distinguir bloques: el quinquenio más adverso fue 2015-2019, no 2020-2024. Los años individuales más extremos fueron 2019 y el par 2021-2022. Aunque la memoria institucional suele fijarse en la pandemia, el intervalo de mayor carga acumulada en el índice es anterior.
El gradiente este-oeste: vegetación y agua
El NDVI resume el estado de verdor a partir de la reflectancia espectral; el NDWI (Normalized Difference Water Index) enfatiza el contenido de agua en el dosel. Ambos se derivan de la reflectancia superficial MODIS y, en este trabajo, se expresan como tendencias lineales 2000-2024 sobre la máscara agrícola.
Solo el 34% del área presenta pendiente positiva de NDVI y el 39% en NDWI. En la mayor parte del dominio, verdor y agua en follaje se estancan o decrecen. El mapa de pendientes prioriza localizar dónde se invierte la tendencia.
Las pendientes positivas se alinean con el valle central irrigado —Aconcagua, Cachapoal, Teno, Claro, Loncomilla—, coincidente con la expansión reciente de fruta de exportación y viñas tecnificadas bajo goteo o microaspersión. Además de compensar déficit de lámina, el riego permite incorporar superficie productiva nueva.
La precordillera, el secano costero y los tramos con menos red hídrica pierden verdor y agua en copa. El contraste entre riego y secano se afila.
Un cruce LST–NDVI intenta aislar un “efecto riego”: temperatura a la baja y verdor al alza. Solo el 3% del área agrícola total cumple ese criterio. El 1% muestra el patrón opuesto (temperatura al alza y verdor a la baja). El 96% restante carece de firma inequívoca: el riego puede operar por debajo de la resolución efectiva de MODIS (~1 km), o bien los procesos subyacentes son demasiado complejos para capturarlos con un cruce binario.
Conclusiones e implicancias
En conjunto, los indicadores apuntan en una misma dirección: el agro de Chile central opera hoy con noches más cálidas, un VHI que no restituye el régimen previo a 2010 y un mapa hídrico–productivo segmentado entre valle irrigado y secano. El patrón no es homogéneo, pero tres rasgos se repiten.
- La componente nocturna concentra mayor pendiente positiva de LST que la diurna, con implicancias para calidad y para el balance de carbono en cultivos sensibles.
- La mega-sequía desde 2010 marca un antes y un después en el estado de la biomasa agrícola; el último quinquenio mejora respecto al peor tramo, pero no reinstala el régimen previo.
- El riego presurizado amortigua la señal donde llega, aunque la huella detectable a 1 km cubre solo el 3% del área agrícola total.
Para la planificación territorial, el corolario es directo: la zonificación basada en aptitud climática histórica queda desactualizada en buena parte de las comunas. Los escenarios de déficit hacia 2040 ya contaron con un ensayo prolongado —más de diez años de mega-sequía—. Si el área bajo VHI<40 sigue expandiéndose a este ritmo, los monitoreos satelitales dejan de ser un complemento opcional y pasan a formar parte del conjunto mínimo de insumos, tanto en política hídrica como en gestión de predio.
El contraste con el caso italiano aporta contexto: mismos índices, misma ventana temporal, mismo sensor. En el noreste de Italia el debate de adaptación va más adelantado. En Chile las series ya están construidas; resta incorporarlas de forma sistemática a la decisión.
Datos MODIS
MOD11A2 (LST día/noche, 1 km, 8 días), MOD13Q1 (NDVI, 250 m, 16 días), MOD09A1 (reflectancia superficial para NDWI, 500 m, 8 días), MCD12Q1 (máscara de uso de suelo agrícola).
Indicadores
LST media y tendencia diurna/nocturna; VHI como índice combinado VCI–TCI (VHI = 0,5·VCI + 0,5·TCI), en la línea del esquema VCI–TCI de Kogan (1997); frecuencia de LST > 35°C y VHI < 40; desviaciones quinquenales respecto al baseline 2000-2010; tendencias de NDVI y NDWI.
Procesamiento
Elaboración propia basada en productos MODIS de la NASA y en la metodología publicada por Baldan et al. (2025).
Período analizado
Veranos australes (diciembre–febrero) 2000-2024.
Baldan, V., Straffelini, E., D'Agostino, V., Tarolli, P. (2025). Northeast Italian viticulture affected by heat and vegetation stress. Agricultural and Forest Meteorology 378, 110962.
Garreaud, R. D., Boisier, J. P., Rondanelli, R., Montecinos, A., Sepúlveda, H. H., Veloso-Aguila, D. (2020). The Central Chile Mega Drought (2010–2018): A climate dynamics perspective. International Journal of Climatology, 40(1), 421–439.
Kogan, F.N. (1997). Global drought watch from space. Bulletin of the American Meteorological Society 78, 621-636.